Desperté después de muchas noches de estar perdido, no tenía recuerdos de mis días pasados. Algunas luces lejanas, muchos vasos vacíos y un extraño en la mesa, a mi lado.
Sentí la necesidad de retroceder mis pasos, recordar los días en el limbo, tratar de coser la herida, por dentro para que no queden marcas. La habitación estaba vacía, en mis días perdidos borré mis recuerdos, borré las alegrías pasadas, borré las huellas de todo lo que fui antes de esos días.
Encontré sobre mi mesa fotos de mis días sin nombre, me sonrojé empezando a recordar mis pasos, me sentí avergonzado (seré yo quién estuvo allí), sí era yo, y una ola de felicidad invadió mi alma.
¿Realmente era yo? ¿Saqué las fuerzas que me faltaban para perderme dentro de mis sueños perdidos? ¿Será que uno los sueños se vuelven realidad?¿O que las realidades luego se tornan en sueños para perdurar en nosotros?
Revisé los borradores de cartas escritas, esparcidos por el suelo, como queriendo escapar de mi, pretendiendo perderse entre alguna rendija de mi memoria, que bueno hubiera sido no volver a verlos!Me obligué a recordar todas las cartas enviadas, todos los corazones regalados, los abrazos infinitos y las promesas encargadas. Entre en el túnel.
Aún no hay salida evidente.
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