viernes 26 de agosto de 2011

Regresé - Día 1

Día 1

La parada de buses y el bus son tal y como se ven en las películas peruanas de los 80s, un bus cayéndose a pedazos y la gente dándole colorido por dentro. Gallinas, patos y un perrito me acompañarán todo el viaje, aunque dudo que gallinas y patos estén para mi regreso.
Suben señores a vender comida y gaseosas, chicle, cigarrillo, caramelo (sí, como la canción de Miki Gonzáles), que divertido viaje empieza el viaje!
Cumbia desbordante y a mi lado un profesor, felizmente muy conversador ya que el vieja promete ser tortuoso y largo. Intercambiamos nuestros periódicos antes que las primeras palabras, le ayudé a terminar su crucigrama, con este terminado éramos ya amigos de toda la vida.

El paisaje hasta La Florida es el mismo de siempre (¿No puede haber cambiado en un par de semanas no?) pero lo veo diferente, el olor dentro del bus, las conversaciones entre amigos extraños, el llanto del perrito siendo excesivamente acariciado por una niña nerviosa y las historias de fútbol chiclayano de los 50s de mi amigo el profesor hacen que este viaje tenga un sabor diferente.
Van casi 3 horas de viaje y Roxana, Juan y Antonio (los hijos de mi amigo profesor) son casi como amigos míos, me sé su vida entera hasta los 18 años, conversamos de política regional, de fútbol y del amor, de su esposa que ya se fue y de cómo decidió pasar su vejez enseñándole matemáticas a niños de un lugar que creo nadie escogería como hogar, menos como centro de trabajo. No me cuento dentro de ese grupo obviamente.

Cuarta hora de viaje y empiezo a pensar en este post (empiezo a tararear una canción de Can Can en mi cabeza y la voz de la cantante me hace sonreír imaginándome cantándola). Empieza a oscurecer y aún falta un buen tramo, pienso en mi hermana y mi papá, en mi mami que debe estar muriendo de calor a estas horas. Recorro mentalmente mis recuerdos, de la primera vez que vine a La Florida, el 21 de Junio del 2008, me siento viejo. Miro a mi amigo profesor y deseo también pasar mi vejez yendo en viajes interminables a mi tierra de bambú, de café y bambú.

En cada parada del bus suben niños a vendernos dulces y comida, vuelvo a mi niñez, cuando iba a Huánuco con mi familia y en el camino nos vendían melocotones y tunas moradas en bolsas, siento el olor a tierra húmeda de esos viajes. Pienso en cada uno de esos niños ¿Qué les gustaría estar haciendo en esos momentos en vez de vender golosinas? Me proyecto aún más y me pregunto cuál es mi papel en esta parte de la historia ¿Para qué estoy yendo? ¿Por mí o para ellos? Me dan ganas de llegar y empezar a hacer algo (y no, aún no termino de encontrar mi definición de “algo”).
Sexta hora de viaje, 6:20 de la tarde y aparece la plaza de La Florida, ahora está diferente, hay colores y música, la fiesta está cerca, grupos de adolescentes (¡Que viejo me siento al escribir esa palabra!) sentados en las bancas, chicos por un lado, chicas por otros, todos en esa misma mecánica de enamoramiento que espero que jamás cambie, ahora la veo con otros ojos. Sonrío al recordarme en esa misma situación, ellos me miran, pero no siento que me vean como uno igual, imagino que se preguntarán quién es ese SEÑOR nuevo (¡Dios mío no!) con una mochila de bambú que camina por la plaza, a quien nadie saluda y no parecen reconocer. Solo quería volar a escribir el post, se está volviendo adictivo.

Llamo a casa y a Lilia a reportar mi existencia, encuentro bonito el hablar con alguien y sentir su voz lejos, no sé, creo que hace que la comunicación se sienta más real, nada de nitidez o imágenes en HD, los extraño pero me gusta sentir que estoy lejos. Estuve un poco ansioso el fin de semana por estar tantos días incomunicado, ya no.

Ya van a dar las 8:00 pm, es hora de cenar, mañana el día empieza temprano con la primera caminata. ¡Hasta mañana será entonces!


1 comentarios:

  1. Amigo!!! que bueno que te encuentres muy bien. Te cuento que en la madrugada viajo, al monte, otra vez. tendré varias horas de viaje ...avión,avioneta, deslizador, y a pie! casi sin descansar para llegar a un lugar apacible, lleno de animales que sé que estarán observando, pero que ojalá no se acerquen. Sí a esos me refiero, a los que nadie se quiere encontrar pero que he visto sus rastros y huellas muy de cerca.
    Ambos disfrutamos nuestros viajes y te felicito por compartirlos, quizá deba hacerlo también, pero conociéndome quizá solo se lo cuente a los que me pregunten o amigos como usted.
    Que te vaya muy bien, ya sabes que te deseo lo mejor, un abrazo alecuak!

    Pierre

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